28 nov. 2010

Adviento

Toda vida que avanza feliz hacia Dios podría llamarse: Adviento.
El Señor viene siempre,
viene en el deseo y viene en el amor;
viene en el sufrimiento y viene en el gozo;
viene en el sacramento y viene en el hermano;
viene siempre.
Cada vez que deseamos y pedimos su venida,
ya está viniendo, o ya ha venido.
Siempre es Adviento.
Que nuestra súplica en este tiempo sea constante: ¡Ven, Señor, Jesús!

24 nov. 2010

Sed de TI

Mi corazón está sediento de amores puros, de vacíos totales y absolutos, por eso de él tengo que sacar todo lo que no sea Dios.

22 nov. 2010

¿Todo?

"...esta viuda pobre ha echado más que todos. Porque todos éstos han echado como donativo de lo que les sobraba, ésta en cambio ha echado de lo que necesitaba, todo cuanto tenía para vivir".

¿Doy todo lo que tengo para vivir o me reservo algo? ¿doy de lo que es "mi pobreza" a mis ojos, o a los ojos los demás?

Jesús, Tú sabes...

20 nov. 2010

Mirada de Jesús

Hemos de apacentar nuestros ojos, y sobre todo nuestro corazón, en la mirada serena de Jesús.

17 nov. 2010

Quiero cantarte siempre

Jesús, quiero cantarte siempre, que mi vida sea una lira para Ti. Que pronto arranques de mí todas los sonidos que deseas.

16 nov. 2010

Verbum Domini

Por fin se ha publicado la Exhortación Apostólica sobre la Palabra de Dios. El Papa la firmó el día de San Jerónimo, gran apasionado de la Sagrada Escritura. Ojalá se nos conceda tener un amor tierno y vivo por ella, como lo tenía este gran santo.
Por si a alguien interesa, os pongo el enlace.
Verbum Domini

14 nov. 2010

Los ideales


"Los ideales son como las estrellas:

nunca los alcanzaremos.

Pero igual que los marineros

en alta mar,

trazaremos nuestro camino

siguiéndolas."


13 nov. 2010

Lo grande

Todo lo que es grande en este mundo proviene de Dios, y, visto desde el ángulo del ser humano, proviene de la oración y del sacrificio.

11 nov. 2010

Oración por los que son perseguidos por Jesús

ESTA ES LA NOTICIA:

En el secuestro del templo, que ha sido el mayor ataque contra cristianos desde el fin del régimen de Sadam Hussein, fallecieron 44 feligreses, dos sacerdotes y siete miembros de la fuerzas de seguridad iraquíes, tras ser tomada la iglesia por militantes islamistas del Estado Islámico de Irak, un grupo vinculado a Al Qaida.El nuevo ataque perpetrado ayer, que ha sacudido hasta seis distritos de la capital iraquí, ha acrecentado el miedo y revela la vulnerabilidad de los cristianos en la república iraquí, ya que se produce apenas seis días después de que Al Qaida amenazara con matar a los cristianos «allá donde estén».

OREMOS, OREMOS POR NUESTROS HERMANOS EN LA FE.

8 nov. 2010

Homilía de Benedicto XVI- Barcelona

Este día es un punto significativo en una larga historia de ilusión, de trabajo y de generosidad, que dura más de un siglo. En estos momentos, quisiera recordar a todos y a cada uno de los que han hecho posible el gozo que a todos nos embarga hoy, desde los promotores hasta los ejecutores de la obra; desde los arquitectos y albañiles de la misma, a todos aquellos que han ofrecido, de una u otra forma, su inestimable aportación para hacer posible la progresión de este edificio. Y recordamos, sobre todo, al que fue alma y artífice de este proyecto: a Antoni Gaudí, arquitecto genial y cristiano consecuente, con la antorcha de su fe ardiendo hasta el término de su vida, vivida en dignidad y austeridad absoluta. Este acto es también, de algún modo, el punto cumbre y la desembocadura de una historia de esta tierra catalana que, sobre todo desde finales del siglo XIX, dio una pléyade de santos y de fundadores, de mártires y de poetas cristianos. Historia de santidad, de creación artística y poética, nacidas de la fe, que hoy recogemos y presentamos como ofrenda a Dios en esta Eucaristía.
La alegría que siento de poder presidir esta ceremonia se ha visto incrementada cuando he sabido que este templo, desde sus orígenes, ha estado muy vinculado a la figura de san José. Me ha conmovido especialmente la seguridad con la que Gaudí, ante las innumerables dificultades que tuvo que afrontar, exclamaba lleno de confianza en la divina Providencia: “San José acabará el templo”. Por eso ahora, no deja de ser significativo que sea dedicado por un Papa cuyo nombre de pila es José.
¿Qué hacemos al dedicar este templo? En el corazón del mundo, ante la mirada de Dios y de los hombres, en un humilde y gozoso acto de fe, levantamos una inmensa mole de materia, fruto de la naturaleza y de un inconmensurable esfuerzo de la inteligencia humana, constructora de esta obra de arte. Ella es un signo visible del Dios invisible, a cuya gloria se alzan estas torres, saetas que apuntan al absoluto de la luz y de Aquel que es la Luz, la Altura y la Belleza misma.
En este recinto, Gaudí quiso unir la inspiración que le llegaba de los tres grandes libros en los que se alimentaba como hombre, como creyente y como arquitecto: el libro de la naturaleza, el libro de la Sagrada Escritura y el libro de la Liturgia. Así unió la realidad del mundo y la historia de la salvación, tal como nos es narrada en la Biblia y actualizada en la Liturgia. Introdujo piedras, árboles y vida humana dentro del templo, para que toda la creación convergiera en la alabanza divina, pero al mismo tiempo sacó los retablos afuera, para poner ante los hombres el misterio de Dios revelado en el nacimiento, pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. De este modo, colaboró genialmente a la edificación de la conciencia humana anclada en el mundo, abierta a Dios, iluminada y santificada por Cristo. E hizo algo que es una de las tareas más importantes hoy: superar la escisión entre conciencia humana y conciencia cristiana, entre existencia en este mundo temporal y apertura a una vida eterna, entre belleza de las cosas y Dios como Belleza. Esto lo realizó Antoni Gaudí no con palabras sino con piedras, trazos, planos y cumbres. Y es que la belleza es la gran necesidad del hombre; es la raíz de la que brota el tronco de nuestra paz y los frutos de nuestra esperanza. La belleza es también reveladora de Dios porque, como Él, la obra bella es pura gratuidad, invita a la libertad y arranca del egoísmo.
Hemos dedicado este espacio sagrado a Dios, que se nos ha revelado y entregado en Cristo para ser definitivamente Dios con los hombres. La Palabra revelada, la humanidad de Cristo y su Iglesia son las tres expresiones máximas de su manifestación y entrega a los hombres. «Mire cada cual cómo construye. Pues nadie puede poner otro cimiento que el ya puesto, que es Jesucristo» (1 Co 3,10-11), dice San Pablo en la segunda lectura. El Señor Jesús es la piedra que soporta el peso del mundo, que mantiene la cohesión de la Iglesia y que recoge en unidad final todas las conquistas de la humanidad. En Él tenemos la Palabra y la presencia de Dios, y de Él recibe la Iglesia su vida, su doctrina y su misión. La Iglesia no tiene consistencia por sí misma; está llamada a ser signo e instrumento de Cristo, en pura docilidad a su autoridad y en total servicio a su mandato. El único Cristo funda la única Iglesia; Él es la roca sobre la que se cimienta nuestra fe. Apoyados en esa fe, busquemos juntos mostrar al mundo el rostro de Dios, que es amor y el único que puede responder al anhelo de plenitud del hombre. Ésa es la gran tarea, mostrar a todos que Dios es Dios de paz y no de violencia, de libertad y no de coacción, de concordia y no de discordia. En este sentido, pienso que la dedicación de este templo de la Sagrada Familia, en una época en la que el hombre pretende edificar su vida de espaldas a Dios, como si ya no tuviera nada que decirle, resulta un hecho de gran significado. Gaudí, con su obra, nos muestra que Dios es la verdadera medida del hombre. Que el secreto de la auténtica originalidad está, como decía él, en volver al origen que es Dios. Él mismo, abriendo así su espíritu a Dios ha sido capaz de crear en esta ciudad un espacio de belleza, de fe y de esperanza, que lleva al hombre al encuentro con quien es la Verdad y la Belleza misma. Así expresaba el arquitecto sus sentimientos: “Un templo [es] la única cosa digna de representar el sentir de un pueblo, ya que la religión es la cosa más elevada en el hombre”.
Esa afirmación de Dios lleva consigo la suprema afirmación y tutela de la dignidad de cada hombre y de todos los hombres: “¿No sabéis que sois templo de Dios?... El templo de Dios es santo: ese templo sois vosotros” (1 Co 3,16-17). He aquí unidas la verdad y dignidad de Dios con la verdad y la dignidad del hombre. Al consagrar el altar de este templo, considerando a Cristo como su fundamento, estamos presentando ante el mundo a Dios que es amigo de los hombres e invitando a los hombres a ser amigos de Dios. Como enseña el caso de Zaqueo, del que se habla en el Evangelio de hoy (cf. Lc 19,1-10), si el hombre deja entrar a Dios en su vida y en su mundo, si deja que Cristo viva en su corazón, no se arrepentirá, sino que experimentará la alegría de compartir su misma vida siendo objeto de su amor infinito.
La iniciativa de este templo se debe a la Asociación de amigos de San José, quienes quisieron dedicarlo a la Sagrada Familia de Nazaret. Desde siempre, el hogar formado por Jesús, María y José ha sido considerado como escuela de amor, oración y trabajo. Los patrocinadores de este templo querían mostrar al mundo el amor, el trabajo y el servicio vividos ante Dios, tal como los vivió la Sagrada Familia de Nazaret. Las condiciones de la vida han cambiado mucho y con ellas se ha avanzado enormemente en ámbitos técnicos, sociales y culturales. No podemos contentarnos con estos progresos. Junto a ellos deben estar siempre los progresos morales, como la atención, protección y ayuda a la familia, ya que el amor generoso e indisoluble de un hombre y una mujer es el marco eficaz y el fundamento de la vida humana en su gestación, en su alumbramiento, en su crecimiento y en su término natural. Sólo donde existen el amor y la fidelidad, nace y perdura la verdadera libertad. Por eso, la Iglesia aboga por adecuadas medidas económicas y sociales para que la mujer encuentre en el hogar y en el trabajo su plena realización; para que el hombre y la mujer que contraen matrimonio y forman una familia sean decididamente apoyados por el Estado; para que se defienda la vida de los hijos como sagrada e inviolable desde el momento de su concepción; para que la natalidad sea dignificada, valorada y apoyada jurídica, social y legislativamente. Por eso, la Iglesia se opone a todas las formas de negación de la vida humana y apoya cuanto promueva el orden natural en el ámbito de la institución familiar.
Al contemplar admirado este recinto santo de asombrosa belleza, con tanta historia de fe, pido a Dios que en esta tierra catalana se multipliquen y consoliden nuevos testimonios de santidad, que presten al mundo el gran servicio que la Iglesia puede y debe prestar a la humanidad: ser icono de la belleza divina, llama ardiente de caridad, cauce para que el mundo crea en Aquel que Dios ha enviado (cf. Jn 6,29).
Queridos hermanos, al dedicar este espléndido templo, suplico igualmente al Señor de nuestras vidas que de este altar, que ahora va a ser ungido con óleo santo y sobre el que se consumará el sacrificio de amor de Cristo, brote un río constante de gracia y caridad sobre esta ciudad de Barcelona y sus gentes, y sobre el mundo entero. Que estas aguas fecundas llenen de fe y vitalidad apostólica a esta Iglesia archidiocesana, a sus pastores y fieles.

7 nov. 2010

Vivir con fe

Vivir con fe significa saber advertir esa presencia que incesantemente nos ama y obsequia. Cada momento de nuestra vida es un momento de encuentro con esta presencia que nos ama, aunque no lo experimentemos.

5 nov. 2010

Pensando en la visita del Papa

El Papado nos pide amor del bueno, amor que se pierde en el mismo amor de Dios.
Hay que amar como Dios, pero hay que amar en la fe. Hay que amar sin compensaciones, sin experiencias de amar. Hay que amar hasta dar la vida por la Iglesia, por cada hermano. Hay que amar valientemente sin ahorrar nada; pero con blandura, con abertura de alma, con alegría.
Teresa Ortega, OP

2 nov. 2010

Desde la eternidad

Todo hombre es mi hermano; y ese hermano que ha cruzado la frontera y que me está haciendo señas desde la Casa del Padre, es más hermano.
Que nuestros hermanos establecidos ya en la eternidad, nos sirvan para descubrir la verdadera fraternidad, que es más fuerte que la muerte.
Teresa Ortega, OP

Tú estás conmigo

“ Hay una presencia que vela junto a nosotros, hay una Palabra que da sentido al camino de la vida, hay un Dios que no deja caer de sus...