30 ene. 2011

Felices

Las bienaventuranzas nos esperan, en lo pequeño, en lo cotidiano, en el prójimo más próximo, y nos vuelven a decir: la paz es posible, la alegría no es una quimera, la justicia no es un lujo a negociar. No os engañéis más, no os acostumbréis a lo malo y a lo deforme, porque nacisteis para la bondad y la belleza. Y san Agustín dirá: "nos hiciste, Señor, para ti e inquieto estará nuestro corazón hasta que descanse en ti".
Mons. Sanz Montes

26 ene. 2011

25 ene. 2011

Conversión de san Pablo

"-¿Quién eres, Señor?
-Yo soy Jesús, a quién tú persigues"


En este día de la conversión de san Pablo, oremos de modo especial por los cristianos que están siendo perseguidos, y también por los perseguidores, para que el Señor les conceda el don de la conversión.

22 ene. 2011

Unidad


Tengo en el alma preocupaciones profundas. el momento que estamos pasando en la Iglesia es de dificultad grande. A mí me está golpeando el alma...¡Estamos pidiendo la unidad!...Y dentro de casa...en la Iglesia de Cristo, tenemos rupturas, tensiones, falta de acogida, faltas de amor, faltas de unidad...Y me pregunto: ¿Cómo podríamos nosotros colaborar a la unidad de la Iglesia? y la manera más eficaz, me parece, es cultivando y consiguiendo la unidad dentro de la pequeña Iglesia que representamos.


Teresa Ortega, OP

20 ene. 2011

Unidad: Oración. Acción de gracias. Esperanza en el Espíritu.

La fuerza del Espíritu de Dios hace crecer y edifica la Iglesia a través de los siglos. Dirigiendo la mirada al nuevo milenio, la Iglesia pide al Espíritu la gracia de reforzar su propia unidad y de hacerla crecer hacia la plena comunión con los demás cristianos.
¿Cómo alcanzarlo? En primer lugar con la oración. La oración debería siempre asumir aquella inquietud que es anhelo de unidad, y por tanto una de las formas necesarias del amor que tenemos por Cristo y por el Padre, rico en misericordia. La oración debe tener prioridad en este camino que emprendemos con los demás cristianos hacia el nuevo milenio.
¿Cómo alcanzarlo? Con acción de gracias ya que no nos presentamos a esta cita con las manos vacías: « El Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza 8 intercede por nosotros con gemidos inefables » (Rm 8, 26) para disponernos a pedir a Dios lo que necesitamos.
¿Cómo alcanzarlo? Con la esperanza en el Espíritu, que sabe alejar de nosotros los espectros del pasado y los recuerdos dolorosos de la separación; El nos concede lucidez, fuerza y valor para dar los pasos necesarios, de modo que nuestro empeño sea cada vez más auténtico.
Si nos preguntáramos si todo esto es posible la respuesta sería siempre: sí. La misma respuesta escuchada por María de Nazaret, porque para Dios nada hay imposible.
Juan Pablo II

18 ene. 2011

Octavario de oración por la Unidad


"Dime , Padre ¿cómo se consigue que todos los hermanos se congregen en tu banquete nupcial?
Repartiendo amor de mío, se consigue unidad de la mía. He venido para hacer "un solo rebaño y un solo Pastor"

(Teresa Ortega)

14 ene. 2011

Saber mirar

La mirada certera se encuentra
en el presente abierto,
que aprende del pasado
y perfora con realismo las posibilidades del futuro.

9 ene. 2011

Bautismo de Jesús


"Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco"

Estas palabras deberían resonar continuamente en lo profundo de nuestro corazón; es cierto que fueron dichas a Jesús, pero, también desde nuestro bautismo, a cada uno de nosotros. Sin embargo para escucharlas, el Señor tuvo que ponerse en "la fila de los pecadores", y nosotros es de donde nos tratamos de escabullir, hay algo muy en lo secreto nos hace sentirnos "diferentes", tal vez sea esto lo que nos impide oír la palabra del Padre: "mi hijo amado, en quien me complazco"

3 ene. 2011

El Santo Nombre de Jesús

El omnipotente y eterno Dios pide al alma pura que lo ponga como un sello sobre su corazón. Del mismo modo el que ama sinceramente a Dios debe conservar siempre en los labios de su alma ciertas imágenes o sentencias que muevan e inflamen su corazón en el amor a Dios.

Efectivamente, la perfección suma en esta vida consiste en que con la mayor frecuencia nos acordemos de Dios, que nuestro corazón suspire frecuentemente por él, hablemos continuamente de él, fijemos sus palabras en nuestra mente; todo lo hagamos por él y todo lo omitamos por él y, finalmente, en nadie esperemos, ni tras de nadie andemos, sino tras de él. Nuestros ojos lo deben mirar con todo amor, nuestros oídos deben acoger sus consejos, el corazón, los sentidos y el alma toda lo abrazarán con amor. Cuando lo hayamos ofendido nos reconciliaremos con él por la oración. Cuando nos someta a prueba, lo soportaremos con placidez; cuando se nos oculte, lo buscaremos sin cesar hasta que lo encontremos: y una vez hallado, lo retendremos dignamente.

Ya caminemos, ya estemos parados, ya bebamos, ya comamos, esta joya preciosísima del nombre de Jesús debe estar siempre impresa en nuestro pecho. Cuando no nos sea posible hacer otra cosa, que, al menos con la mirada, lo fijemos en nuestra alma.

Tengamos su nombre dulcísimo siempre en boca y de día debemos acordarnos tan intensamente de él que, cuando durmamos, lo soñemos y podamos decir con el Profeta: « Oh Dios eterno, oh dulcísima Sabiduría, qué buena eres para los que te buscan y sólo a ti desean. » (Lm 3, 25)

Este es, por tanto, el mejor ejercicio de todos porque, efectivamente, la oración continua es como la corona de todos los demás ejercicios y hacia ella como a su propio fin tienden todos ellos. ¿Qué otra cosa se hace en el cielo sino contemplar, amar y alabar?

Por tanto, cuanto más amablemente grabemos en nuestros corazones a Dios nuestro Señor, eterna Sabiduría, y cuanto más frecuentemente la contemplemos y la abracemos en nuestro corazón, con tanta mayor suavidad ella nos abrazará en esta vida y en la futura.

Bto. Enrique Seuze, OP

1 ene. 2011

Santa María Madre de Dios


María, ¡Madre mía!,
que tu silencio
sea el clima de mi alma y
que tu fiat sea el programa
permanente de mi vida.


T.O.

Tú estás conmigo

“ Hay una presencia que vela junto a nosotros, hay una Palabra que da sentido al camino de la vida, hay un Dios que no deja caer de sus...